María Mercedes y Josefa Dominga, las últimas herederas del Libertador

Durante la Primera Guerra Mundial, Josefa, hizo de su casa un hospital de campaña, donde atendía a heridos franceses y alemanes.

María de los Remedios Escalada fue una muchacha muy bien instruida de la alta sociedad porteña. La casa de los Escalada era un centro de reunión de los patriotas de la Revolución, y allí, en 1812, se conocieron Remedios y el general José de San Martín. Ella tenía 15 años y él 34. Tras un corto noviazgo, se casaron en noviembre de 1812, y cuatro años más tarde tuvieron a su primera hija: Mercedes Tomasa de San Martín.

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La única hija de ambos pasó a la historia con el nombre de “Merceditas”. Ella vivió junto con su familia en Francia hasta que, en 1832, se casó con el médico y diplomático Mariano Severo Balcarce, hijo de Antonio González de Balcarce, quien comandó los primeros triunfos militares del Ejército del Norte tras la Revolución de Mayo.

Mariano Balcarce trabajaba en Londres y, aprovechando la proximidad a París, visitaba con frecuencia al general San Martín, e incluso fue el encargado de cuidar a la familia, cuando contrajeron el virus del cólera que azotó Europa en 1830. De este vínculo nació el amor entre Merceditas y Mariano Balcarce, y posteriormente, sus dos hijas: María Mercedes y Josefa Dominga.

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María Mercedes nació en una visita de la familia a Buenos Aires, el 14 de octubre de 1833. Y Josefa Dominga, el 14 de julio de 1836 en la residencia de la familia en Grand Bourg, Francia.

Florencio Balcarce, cuñado de Mercedes, estudiaba en París y le escribía al resto de su familia en Buenos Aires, sobre las visitas a la casa de su hermano:

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«Tengo el placer de ver la familia un domingo sí y otro no. Iría todas las semanas si los buques de vapor estuvieran del todo establecidos. El general goza a más no poder de esa vida solitaria y tranquila que tanto ambiciona. Mercedes se pasa la vida lidiando con las chiquitas que están cada vez más traviesas. Pepa sobre todo, anda por todas partes levantando una pierna para hacer lo que llama volatín; pero entiende muy bien el español y el francés. Merceditas está en la grande empresa de volver a aprender el a-b-c que tenía olvidado; pero el general siempre repite la observación de que no la ha visto un segundo quieta»

Luego del fallecimiento del Libertador en 1850, la familia Balcarce-San Martín se trasladó a París y dos años después adquirieron una residencia veraniega en Brunoy. Allí las niñas continuaron creciendo bajo las enseñanzas familiares, trasladadas con esmero de generación en generación y conforme a las máximas que su abuelo redactó como modelo educativo para su hija. 


Josefa “Pepa” Dominga fue la más longeva de la familia y la última descendiente del Libertador, ya que ni ella ni su hermana, tuvieron hijos. María Mercedes murió en 1860, a los 27 años. Al año siguiente, su hermana Pepa contrajo matrimonio en París con Fernando María de los Dolores Vicente Jacinto Ceofás Gutiérrez de Estrada y Gómez de la Cortina, un joven que pertenecía a una noble y acaudalada familia mexicana, y que, al momento del matrimonio, era secretario de la Legación de México en París.

Pepa dedicó su vida la asistencia social. Luego de enviudar, creó la Fundación Balcarce y Gutiérrez de Estrada, que tenía la misión de ayudar a los ancianos carenciados y a los indigentes. El Hogar de Ancianos que fundó se convirtió en un establecimiento modelo que contó con una estructura asistencial y hospitalaria a la vanguardia. Funcionaba en su casa familiar en Brunoy, donde ella misma también residía.

En 1914 el complejo sanitario ideado por la nieta de San Martín pasó a ser el Hospital Militar Auxiliar Nro. 89, todo un lujo en la época con 50 camas para heridos, dos salas de operaciones, sala de esterilización, sala de radiología, laboratorio y sala de hidroterapia. Un inquebrantable deseo de ayudar al prójimo de madame Pepá, en los peores horrores de la humanidad, y que tuvo varias anécdotas que pintan el compromiso y el coraje de la brava mujer. Una vez se detuvo un carro de heridos en la puerta y los soldados franceses no autorizaban el descenso. Josefa se acercó para ayudar, lista como siempre, y le respondieron los militares que no iban a permitir que atendiera alemanes. A lo que ella contestó: “¿Están heridos? ¡Pues entonces éntrelos!”.

Un par de años más tarde se desarrollaba la furiosa ofensiva alemana de la Segunda Batalla de Marne, con artillería pesada y gases venenosos. Los aliados ordenaron la pronta retirada a París, que arrastraba también a la población de Brunoy. Ante la perentoria orden de los generales franceses, la nieta de San Martín se negó a dejar a los heridos. Unos días después la intervención norteamericana, contuvo el ataque en suelo francés e inclinó la balanza hacia el fin de la guerra en 1918. Hacia fin de año, Josefa recibió las condecoraciones de la Cruz Roja y la Legión de Honor de Francia en una emotiva ceremonia donde los soldados salvados pintaron banderas con la leyenda: “Gracias, señora, usted es más valiente que nosotros”.

“Pepa” además se encargó de conservar y socializar el legado de San Martín que hoy conocemos: mobiliario, cartas, objetos, libros. Si bien nunca visitó la Argentina, mantuvo correspondencia con el Dr. Adolfo P. Carranza, director en aquel momento del Museo Histórico Nacional, a quien le donó las pertenencias de su abuelo para que fueran exhibidas en el museo. Pepa se encargó incluso de enviar a Carranza un croquis para que se reproduzca con exactitud en el museo, la residencia de Boulogne-sur-Mer, la finca preferida del general San Martín.

Fuente: sanmartiniano

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