Los otros éxodos jujeños no tan nombrados que dieron origen a las guerras gauchas

Si bien el éxodo de 1812 es el más conocido hubo otros en los años 1814 y 1817.

El Instituto Belgraniano de Jujuy reconoció que en el mes de enero de 1814, el pueblo jujeño tuvo que afrontar un nuevo éxodo ante la invasión realista dirigida por el militar Joaquín de la Pezuela.

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Luego de la derrota del general Manuel Belgrano en Ayohúma (1813), el ejército patriota inicia su penosa retirada hacia Potosí y desde allí a Jujuy, en condiciones sumamente difíciles por su estado y falta de elementos indispensables ante a un clima que distingue a uno de los desiertos más áridos del mundo y transportando a gran cantidad de heridos. Poco ayudaron los pueblos intermedios en su trayecto, temiendo las terribles represalias prometidas por el jefe realista Pezuela a quienes colaboraran con los «insurgentes».

En cuanto al movimiento de tropas, pensaba Belgrano reunir en Jujuy las milicias de Salta y Tucumán y tratar de oponer resistencia al enemigo para luego esperarlo en Tucumán.

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En los primeros días de enero de 1814, mientras los realistas preparaban en Cotagaita el ejército invasor con sus jefes principales Ramírez, Picoaga y Castro para caer con sus vanguardias sobre Jujuy, Belgrano se encontraba en Humahuaca donde recibió al gobernador Chiclana, quien había delegado el mando político en el Cabildo y el mando militar en el coronel Dorrego, tratando de organizar la resistencia.

El coronel Manuel Dorrego había sido comisionado por el Gobierno, a solicitud de Chiclana, para reunir en las provincias de Jujuy y Salta a los restos del ejército en retirada y reclutar nuevos efectivos y provisiones como artículos de guerra al efecto de detener esta nueva invasión, que pretendía por su alta preparación y organización llegar hasta Buenos Aires con el apoyo de las fuerzas de Montevideo.

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La invasión de Pezuela cobra dimensión al estar destinada a aniquilar al ejército patrio en retirada, evitando el encuentro con los refuerzos enviados por Carlos de Alvear que, comandados por San Martín, debían esperar en la Posta de los Algarrobos, cercano a Yatasto, para luego armar infraestructura en Humahuaca y tomar San Salvador de Jujuy y Salta.

Con gran eficiencia, Dorrego reunió 500 nuevos soldados y 250 dispersos con los que organizó un regimiento que llamó de «Partidarios», requisó 1.000 caballos y ganado vacuno; hizo fabricar armas, especialmente lanzas, fornituras y municiones, acciones que motivaron un oficio dando superadas las desinteligencias y reincorporándolo al ejército.

En retirada

En San Salvador de Jujuy existía una febril actividad en apoyo a la causa patriota, sobre todo en los jóvenes que alentados en milicias con movimientos de guerrilla participaban de ejercicios diarios consistentes en correrías a caballo, montar y desmontar, prácticas de tiro y uso de la lanza, dirigidos por oficiales o caudillos naturales que oficiaban de jefes y fabricando armas caseras, labores en las que participaban hombres y mujeres.

Belgrano llega a Jujuy y organiza la retirada, poniendo en funciones al coronel Dorrego y la ciudad es abandonada entre el 15 y el 16 de enero de 1814.

Dorrego combatirá con la vanguardia realista hasta ser desalojado el día 17, produciéndose un nuevo éxodo de sus pobladores, pero éste no fue tan terrible como el anterior (1812), sólo que espontáneo y sin destino fijo, ocupándose las afueras de la ciudad, cerros y estancias vecinas.

Ese 17 de enero, Jujuy había caído otra vez en manos de los enemigos de la revolución.

La guerrilla gaucha

Ya preparadas estas milicias gauchas, ocuparon los alrededores, ahora con hombres bien montados y adiestrados, y comenzaron a hostigar al invasor que había ocupado la ciudad, convirtiéndose en verdadera pesadilla, atacando y desapareciendo rápidamente con el saldo de muertos y heridos para el enemigo. Así se formalizó una guerra de guerrillas, haciendo del pueblo un campo de combate permanente.

Mientras los vecinos de Jujuy aparecían, se dispersaban y se esfumaban permanentemente, el ejército patriota se abría en tres columnas por tres caminos diferentes rumbo a Tucumán.

El coronel Zamudio, a cargo de la primera, llevaba los bagajes oficiales con la documentación del Archivo del Cabildo, y entre ellos la Bandera de la Libertad Civil. La segunda columna, conducida por Zelaya, transportaba los heridos, entre ellos el capitán Forest. La tercera columna, al mando del propio Dorrego, combatía mano a mano y día a día con la misión de entretener a la vanguardia realista para dar tiempo a Belgrano a cruzar el río Pasaje y reunirse con San Martín.

El doctor Teodoro Sánchez de Bustamante reclamó años más tarde ante el Congreso de Tucumán la devolución de los archivos jujeños, de las joyas del Convento de la Merced y otros bienes que fueron llevados a Tucumán en las retiradas de 1812 y 1814.

El doctor Joaquín Carrillo se refiere también al Éxodo de 1814 y a los aciagos días de la invasión realista. Para evitar toda tentativa de sorpresa se colocó en Humahuaca una vanguardia al mando del mayor Máximo Zamudio. El general Diego Balcarce había pasado a ser mayor general al marcharse Díaz Vélez a la capital.

«Aquella débil fuerza no podía iniciar ninguna resistencia en dirección a la ciudad de Jujuy, que fue abandonada por los patriotas a la aproximación de los cuerpos realistas que se posesionaron de ella a mediados de enero de 1814.

Aquella ciudad quedaba así abandonada, nuevamente al furor vengativo de un enemigo orgulloso, ya, y altanero por la debilidad de aquel ejército revolucionario que le había hecho sufrir serios conflictos.

Las poblaciones de la Puna habían quedado desiertas por una nueva emigración a los cerros vecinos, y posiblemente hacia Tucumán»…»haciendo molesta y cara la ocupación española».

En el tomo II del Archivo Capitular de Jujuy constan las actas que celebra un nuevo cabildo realista puesto en posesión por Pedro Antonio Olañeta, desde el 3 de febrero hasta el 7 de septiembre de 1814, fecha en que los patriotas recuperan la ciudad.

«En dichas actas realistas se hace referencia a la ausencia de los archivos y a otro Éxodo el 14 de junio del mismo año, en el que por orden de los realistas, las familias patriotas debieron emigrar a Tarija pero por intercesión de Julián Gregorio de Zegada (jujeño, miembro del Cabildo realista), sólo se retiraron hasta Huacalera y luego se les permitió regresar. Este Éxodo debió ser en su mayor parte femenino pues los hombres se habían alejado al sur con la vanguardia del mayor Zamudio en enero de 1814». Debe recordarse la opinión de Pezuela respecto a las mujeres y su comprometido desempeño en la guerra en una participación activa actuando como espías y permitiendo la actuación de sus hombres en el ingreso combativo y permanente sobre los soldados de ocupación con el siguiente y grave perjuicio para la disciplina de la tropa, riesgo que no podía correr.

Las mujeres, en este Éxodo, llegaron hasta la Posta de Huacalera, donde los realistas las dejaron abandonadas a su suerte para retirarse con premura hacia Tupiza.

Nueva estrategia

La heroica resistencia de Dorrego permitió la llegada de las tropas a Tucumán y el encuentro de Belgrano con San Martín, quien asumió el mando del ejército en reemplazo del primero, el 30 de enero, poniendo a cargo de la vanguardia a Martín Miguel de Güemes que terminará expulsando a Pezuela del territorio, actuando con formaciones de milicias gauchas en las formalidades de una lucha diferente.

Todas estas acciones preludiaban una nueva estrategia militar la que sería predominante de ahora en más, el ataque rápido, el golpe certero, la sorpresa, el conocimiento de la geografía, el valor, el coraje y el amor a la tierra, sobre la capacidad combativa de los grandes ejércitos reglados, lo que daba sostén a lo planteado por Belgrano sobre las insurgencias populares y la construcción de la Patria teniendo al pueblo como constructor natural.

El tercer éxodo

El 6 de enero de 1817 se dio el tercer éxodo, donde España después de vencer a Napoleón, organizó los más grandes y poderosos ejércitos para derrocar la independencia que se había declarado el 9 de julio de 1816. Allí De La Serna llega a reconquistar el territorio y se encontró nuevamente con los gauchos, quienes pelearon con boleadoras y cuchillos defendiendo su tierra, fue una de las hazañas más increíbles, donde los gauchos jujeños evitaron una nueva invasión.

Fuente: portaldesalta

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