Lorenzo Barcala: El coronel de sangre africana

El militar mendocino, hijo se una mujer negra, se destacó como militar en varias batallas y llegó a ser asistente de Rosas, pero fue fusilado en 1835 por la traición de alguien a quien consideraba su amigo.

Lorenzo Barcala nació en Mendoza en 1795. Su madre fue una mujer africana que llegó a esta ciudad muy joven como esclava. Fue comprada por Cristóbal Barcala, uno de los más importantes escribanos de aquel tiempo.

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Desde muy niño, Lorenzo se destacó por su inteligencia y no fue esclavo –como siempre se sostuvo– ya que su tutor le dio la libertad y se desempeñó desde muy chico en el oficio de sastre.

Durante la guerra de la Independencia, Barcala se alistó en 1815 en las milicias de Cívicos Pardos de Mendoza.

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Unos meses antes de realizar la campaña a Chile, el General José de San Martín, jefe del Ejército de los Andes, dejó a cargo del batallón de negros a éste, para que se ocupara de instruir en la ciudad a las tropas inexpertas.

Unos años después, el Negro Barcala –como afectuosamente le llamaban sus compañeros de armas– inició una excelente carrera militar y fue él quien, cuando se produjo la revolución en San Juan, luchó contra los insurgentes del batallón de Cazadores de los Andes.

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Tiempo después tomó parte de la batalla de Punta de Médanos contra el caudillo chileno José Miguel Carrera, quien fue tomado prisionero, juzgado por un tribunal y luego condenado a muerte.

Barcala fue el jefe del pelotón de fusilamiento que ejecutó al caudillo chileno José Miguel carrera.
Fue Barcala quien le dio la señal de fuego a su pelotón en el fusilamiento del valiente general chileno en la Plaza Mayor.

Cuando se produjo la guerra contra el imperio brasileño, en 1827, Lorenzo se encontró peleando como teniente coronel al mando de un batallón, destacándose en varios combates. Fue en ese momento que su fama como gran militar se extendió entre sus camaradas.

Entre la milicia y el baile

Este valiente guerrero, además de destacarse en los campos de batalla, también se distinguía en los salones de baile. Fue un gran músico, excelente bailarín y un gran conquistador de bellas damas. Su gran nivel cultural, provocaba curiosidad entre las mujeres, quienes lo admiraban.

Por su excelente foja de servicios, el general Facundo Quiroga le ofreció ser su asistente, puesto al que accedió pero con la condición de no pelear contra los unitarios.

Después, el gobernador Juan Manuel de Rosas le otorgó el mando de la infantería en la expedición al desierto, donde se destacó y fue nombrado «héroe del desierto». En 1835, tras el asesinato del caudillo riojano, se retiró a San Juan.

¿Un negro conspirador?
Eran tiempos difíciles en el territorio y las luchas internas entre federales y unitarios estaban en su mayor punto de ebullición.

Cuando llegó Barcala a Mendoza produjo la inquietud del general José Félix Aldao y su aliado, el gobernador Pedro Molina, por lo que le negaron rotundamente el permiso de ingresar a su tierra natal y fue obligado a volver a San Juan.

Aquella provincia estaba gobernada por un federal más moderado y tenía como ministro a Domingo Oro, quien secretamente manejaba una conspiración contra el gobierno de Rosas que tenía ramificaciones en San Juan, Córdoba, Tucumán, Salta, Jujuy y Santa Fe.

El objetivo de este plan era separar y aislar a Buenos Aires y al gobierno de Rosas. Al saber que Barcala estaba en San Juan fue convocado a participar.

Mientras tanto, el general Aldao tenía varios espías para informarse de cualquier conspiración o revuelta que los unitarios pudiesen organizar, tanto en Chile como en las provincias cuyanas.

Precisamente en San Juan se encontraba un informante llamado Montero, quien se hizo amigo de Lorenzo. Éste le contó en una carta el posible plan conspirador contra el gobierno nacional y esa confesión hecha a su amigo traidor le costaría la vida.

Una muerte injusta

La carta traída por Montero quedó en poder del general Aldao, quien presionó al gobernador Molina para que realizara un proceso contra el coronel Barcala, quien fue inmediatamente extraditado a Mendoza.

General Félix Aldao, quien presionó al entonces gobernador Pedro Molina para que ejecutara a Barcala.
El Negro reconoció su participación y fue detenido en el acto. Se estableció un juicio marcial que en pocas horas sentenció al conspirador a la pena de muerte, el 1 de agosto de 1835 en la plaza pública.

El desafortunado militar marchó con un pelotón de fusilamiento hacia la entonces llamada plaza Nueva –hoy Sarmiento- para su ejecución, en el mismo lugar donde instruía a sus tropas en 1816.

A las 11 de la mañana, el héroe negro afrontó la muerte con valor.


Fuente: ciudadano

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