La población africana del virreinato

Entre 1777 y 1812 entraron al puerto de Buenos Aires y Montevideo más de 700 barcos, con 72 mil esclavos africanos.

El tráfico de esclavos tuvo su punto neurálgico en la estación de Retiro. Tanto, que al edificio ubicado en la Plaza San Martín se lo conocía como “el retiro de los esclavos”. Allí permanecían los africanos recién llegados hasta ser derivados con sus nuevos amos.

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A fines del siglo XVI y durante el XVII llegaron los primeros africanos a Buenos Aires. Algunos provenientes de la zona sur del Ecuador, Angola, Congo y Mozambique, y otros del sudeste de África. Uruguay y Córdoba también fueron receptores esclavos; de hecho, las estancias jesuíticas pudieron sostener su actividad y productividad gracias a esta mano de obra.

En este mapa se puede observar la ruta de los esclavos que llegaban al Río de la Plata

Para la investigadora Marisa Pineau, la historia de África estuvo silenciada, pero con el correr del tiempo se retomaron estudios que aportan elementos para reflexionar y conocer nuevos aspectos sobre este intercambio“Es interesante conocer cómo se daban las relaciones de los esclavos con los amos, que no era sólo relaciones de servidumbre. Los esclavos, como todos los grupos subalternos, actuaban, tenían iniciativa y agencia. Nos impregnaron de saberes, poseían conocimientos sobre cuestiones medicinales, agrícolas, manejo de la madera y el hierro. Esto nos hace pensar que no fueron solo fuerza de trabajo”, explica la historiadora. El ejemplo de Ventura es curioso: un africano perteneciente a Martin de Álzaga (uno de los mayores propietarios de esclavos en la antigua Buenos Aires), distinguido por el Primer Triunvirato por denunciar la conspiración organizada por los españoles contra el gobierno. Tal gesto le valió la libertad. Luego de desarticular la conjura, Ventura fue declarado libre, se le pagó el sueldo de un soldado y desde entonces se le dejó usar el uniforme del Regimiento N° 2 con un sable para defensa propia. Además, se le otorgó una medalla de plata repujada, con una frase grabada: “Por fiel a la Patria”. Esa condecoración se exhibe en el Museo del Cabildo.

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Que el país fue forjado por inmigrantes blancos europeos es un mito que de a poco se está derribando. Los africanos habitaron Buenos Aires desde el año 1585 y su legado cultural es parte de nuestra idiosincrasia. El dulce de leche, las achuras e inclusive las payadas, que son elementos claves en nuestra argentinidad, tienen raíz africana.

En épocas donde no había método de conservación que contenga la abundancia de carne de vaca que había en el territorio, los blancos degustaban la carne asada descartando las mollejas, la tripa gorda, los chinchulines; mientras tanto, esos “desperdicios” eran consumidos por los negros. Hoy es una de las exquisitas particularidades del asado argentino.

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O la figura del payador. Si bien la imagen se la vincula a la historia rural argentina, el día se conmemora en honor a Gabino Jacinto Ezeiza, un afrodescendiente que nació en San Telmo en febrero de 1858. El Negro Ezeiza, cómo le decían, murió un 23 de julio de 1884, tras derrotar en un duelo de payadas de contrapunto al cantor uruguayo Juan de Nava.

Entre 1777 y 1812 entraron al puerto de Buenos Aires y Montevideo más de 700 barcos, con 72 mil esclavos africanos. Hacia 1810, la capital tenía alrededor de 40 mil habitantes y se calcula que un tercio eran de origen africano. Para el momento de la Revolución de Mayo, la ciudad era diversa y no tenía una mayoría de población blanca.

 Al respecto, la investigadora Pineau tiene su opinión: “Un esclavo hoy no es alguien que este inmovilizado por unos grilletes; podemos pensar en la trata de personas, el trabajo rural o industrial en condiciones de explotación como formas de esclavitud. La conquista de la libertad desde la situación de esclavitud es algo que tiene que ser una reivindicación permanente”.

Fuente: Extracto de una entrevista a la historiadora y especialista en África, Marisa Pineau. Licenciada en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Realizó sus estudios de Posgrado en El Colegio de México, donde obtuvo el título de Máster en Estudios de África.  

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