La leyenda de Quiroga y su caballo «El moro»

Tal vez el moro más famoso haya sido el fiel compañero del caudillo federal Facundo Quiroga, que según la leyenda “asesoraba” a su amo prediciendo el resultado de las batallas.

Es muy conocida la leyenda  que atribuía poderes mágicos al equino de Facundo Quiroga «El Moro», como se llamaba, era azabache con tintes casi azules y, según su dueño, hablaba con él vaticinándole el futuro. De hecho, siguiendo el mito, Quiroga habría perdido en La Tablada por desobedecerle.

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Sarmiento en su libro «Civilización y barbarie» en unos de sus capítulos compara a Quiroga y su moro con el terrible emperador romano Calígula, que se hacía adorar como Dios y asociaba al imperio su caballo.

Dice en sus memorias el general José María Paz: (Quiroga) Tenía un célebre caballo moro que a semejanza de la cierva de Sartorio le revelaba las cosas más ocultas y le daba los más saludables consejos. Rodando la conversación vino caer en el célebre caballo moro, confidente, consejero y adivino del general Quiroga. Fue grande la carcajada y la mofa en términos que picó a Güemes Campero (antiguo oficial de Quiroga), que dijo: “Señores, digan ustedes lo que quieran, rían cuanto se les antoje, pero lo que yo puedo asegurar es que el caballo moro se indispuso terriblemente con su amo el día de la acción de La Tablada porque no siguió el consejo que le dio de evitar la batalla ese día: soy testigo ocular que habiendo querido el general montarlo el día de la batalla, no permitió que lo enfrenasen por más esfuerzos que se hicieron, siendo yo mismo uno de los que procuré hacerlo, y todo para manifestar su irritación por el desprecio que el general hizo de sus avisos.”

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En la derrota de Oncativo (1830) el General Aráoz de La Madrid capturó este caballo, que fue recuperado por otro caudillo federal, Estanislao López. Sin embargo este último nunca lo devolvió, pese a la intermediación de Juan Manuel de Rosas, que hasta terminó ofreciéndole una recompensa a su antiguo dueño. Facundo, profundamente disgustado le respondió: Estoy seguro de que pasarán muchos siglos de años para que salga en la República otro caballo igual, y también le protesto a usted de buena fe que no soy capaz de recibir en cambio de ese caballo el valor que usted contiene la República Argentina, es que me hallo disgustado más allá de lo posible. 

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