La guerra de zapa y el cruce de los Andes

En términos militares se llama guerra de zapa a las tácticas para desorientar al enemigo con informaciones falsas y estrategias de espionaje.

En agosto de 1816, San Martín dejó la gobernación de Mendoza y ya contaba con el apoyo del director supremo Juan Martín de Pueyrredón. Se acercaba el verano y faltaba mucho trabajo para poder cruzar los Andes con éxito.

Te puede interesar...Renacimiento: España en los siglos XV y XVIRenacimiento: España en los siglos XV y XVI

Mientras tanto, ideó una estrategia para dividir a las fuerzas realistas a lo largo del territorio chileno. Sostenía una red de espías que difundían noticias falsas y alentaban el descontento de los enemigos. También se llevaban a cabo prácticas para obtener información sobre la situación de los realistas.

El Parlamento con los Pehuenches de 1816 fue parte de aquel entramado de engaños destinados a confundir que se conocía como «guerra de zapa». Encontrar espías fieles y capaces de cumplir sus objetivos no resultó  una tarea sencilla. Sin embargo, tendió una red de espías en las principales ciudades de Chile, que se movían entre las elites y el bajo pueblo; y hasta  consiguió incluir a un escribiente de la secretaría de Marcó del Pont. Así, enviaba noticias falsas y desacreditaba las verdaderas.

Te puede interesar...Mitos y leyendas que impulsaron la conquista de AméricaMitos y leyendas que impulsaron la conquista de América

Pehuenches: las fuerzas amigas 

Los pehuenches se encontraban de uno y otro lado de la cordillera. Los que vivían al sur de Mendoza se convirtieron en indios amigos en las últimas décadas del siglo XVIII. Custodiaban la frontera a cambio de protección contra sus enemigos y algunos privilegios comerciales. No era extraño verlos en la ciudad vendiendo sal, pieles, plumas y ponchos.

La alianza estableció cierta tranquilidad. Pero en 1812, varios grupos indígenas de la Araucanía se unieron a las fuerzas españolas que llegaban al sur de Chile desde el Perú.

Te puede interesar...Virreyes del Río de la PlataVirreyes del Río de la Plata

A mediados de setiembre de 1816, los pehuenches se reunieron con San Martín.

De acuerdo con su relato, a las ocho de la mañana los caciques pehuenches comenzaron a aproximarse a la explanada del fuerte donde se encontraban formadas las autoridades militares, una compañía de caballería y doscientos milicianos.

La comitiva indígena estaba integrada por los indios de guerra armados con lanzas, hachas y cuchillos, las mujeres y los niños. Iban montados en caballos adornados y preparados para la guerra: el pelo largo suelto, el torso desnudo, los cuerpos pintados. En el lugar, se inició un simulacro de batalla en el que los guerreros exhibieron sus habilidades ecuestres al ritmo del fuego de los cañones del fuerte.

En la plaza de armas del Fuerte de San Carlos se realizaron las negociaciones. Los caciques y capitanejos se sentaron alrededor de una mesa de acuerdo con su importancia. San Martín, el comandante del fuerte y fray Francisco Inalicán, que hacía de traductor, se ubicaron en la cabecera. Entonces, San Martín les pidió que permitieran que el ejército pasara por su territorio para invadir a los españoles por el paso de El Planchón. El cacique gobernador Neycuñan aceptó y prometió colaborar con ganado y vigilar la frontera.

Tras el acuerdo hubo festejos con 120 pellejos de aguardiente, 300 de vino y fruta seca. Los caciques sacrificaron algunas yeguas, cuya carne apreciaban.

Más de dos mil pehuenches sentados en círculo en la explanada celebraron ruidosamente durante tres días.

El cuarto se dedicó al intercambio de regalos: los caciques entregaron a San Martín ponchos con dibujos de colores tejidos por las mujeres y recibieron con agrado los sombreros y vestidos galoneados. Además se distribuyeron un gran número de bridas, espuelas con labrados, pañuelos y cuentas de cristal.

La noticia del parlamento traspasó la cordillera a través de desertores, comerciantes, arrieros, espías o los mismos pehuenches disconformes. La magnitud del pacto hizo pensar a los realistas que el ejército revolucionario atravesaría la cordillera por el sur.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies