Cervecería Munich, el antiguo edificio de la Costanera sur

Edificio construido por el arquitecto húngaro Andrés Kálnay, fue restituido al Gobierno de la Ciudad en febrero de 2002.

El arquitecto Andrés Kálnay desembarcó en Buenos Aires en 1921. Dejaba Hungría, su país natal, a causa de la ocupación rumana luego de la Primera Guerra Mundial. Ese mismo año, el presidente Hipólito Yrigoyen inauguraba el primer tramo de la Avenida Costanera Sur, límite urbano entre la ciudad y el río, cuyo proyecto comprendía un murallón con escaleras y una pérgola semicircular. En esa área, siete años más tarde, se emplazaría la Cervecería Munich.

En 1927, Kálnay construyó el palacio, una obra significativa en su trayectoria. El emprendimiento gastronómico venía de la mano del ambicioso edificio. El empresario de origen catalán, Ricardo Banús, se había iniciado en el negocio con la apertura de una cervecería en el barrio de Once. El éxito de la empresa le permitió extenderse a otras zonas, como Palermo y Tribunales, hasta llegar a la Costanera, consolidando el sello “Cervecería Munich”.

La inauguración se llevó a cabo el 21 de diciembre de 1927. Según registros, el local estaba colmado por la gente que pugnaba por participar del acto. A partir de entonces, se transformó en uno de los lugares referenciales de la distinguida sociedad porteña. Por la noche, desde la Avenida Costanera, se podía observar un atractivo espectáculo con el edificio totalmente iluminado por sus farolas, y una multitud de comensales cenando en las mesas distribuidas en terrazas y galerías.

Entre las reconocidas personalidades que pasaron por el lugar estuvieron Leopoldo Lugones, Alfredo Palacios, Alfonsina Storni, Belisario Roldán, Juan Manuel Fangio, e incluso, Carlos Gardel. Los distinguidos visitantes recorrían los distintos sectores del complejo, disfrutando del estilo centroeuropeo de la arquitectura, con la fachada principal mirando al río.

La construcción de la instalación se realizó en el plazo inédito de 4 meses y 8 días. El procedimiento requirió que el terreno se compactara, para lo cual se utilizó material proveniente de las excavaciones para el subterráneo de la compañía Lacroze. Luego, sobre una losa de un metro de grosor, se construyó el edificio, con un sótano, planta baja y dos niveles con terrazas exteriores.

El ingeniero Federico Kammerer fue el responsable de dirigir la obra y se hizo cargo del cálculo de estructuras, mientras las instalaciones fueron realizadas por el ingeniero H. Potthoff. En ese aspecto, los muros exteriores de las galerías se destinaron para la representación de personajes y escenas del folklore muniqués, trabajados con la técnica de estarcido. Las figuras representativas del pueblo bávaro fueron creadas por el escultor alemán Enrique Swindsackl.

El complejo posee elementos del pintoresquismo del centro de Europa, lugar de origen del arquitecto, aunque también luce rasgos del Art decó, estilo en auge a mediados de los años 1920. Sin embargo, para los especialistas, se trata de una composición «ecléctica», que toma elementos de diversas influencias mezcladas en un estilo propio de Kalnay, visible también en edificios, como el de Diario Critica o el Cine Florida, proyectados por el mismo arquitecto.

Especializado en la decoración, el mismo arquitecto diseñó las arañas de luz, la boisserie, las barandas de las escaleras, las baldosas y los singulares vitrales de la cervecería, que ilustraban personajes vestidos en atuendos tradicionales de la ciudad de Munich, y otros motivos alegóricos de la cerveza.

En los cielorrasos, restaurados, se observan moldeados en yeso dos edificios emblemáticos de Munich: la catedral y la alcaldía. En las columnas premoldeadas de las galerías se han tallado emblemas heráldicos relacionados con la cerveza y el comer. En algunas de ellas hay figuras femeninas, dados y naipes, mientras que otras ilustran sobre los vegetales que intervienen en la fabricación de la cerveza.

En el extremo norte del salón se aprecia la imagen de una mujer, que es Baviera, y en el extremo sur el pequeño Monje de Munich. El pequeño monje es un personaje relacionado con la conversión al cristianismo de los bávaros, gracias a la cerveza conocida como bock (cerveza negra). Los creadores de esta variedad fueron los monjes italianos de la Orden de San Francisco de Paula en Baviera, quienes la utilizaban como sustituto de los alimentos sólidos, durante los ayunos de Cuaresma.

Sin duda, la pérgola es una atracción visual para el concurrente. El cordero, el felino, el mono y el cerdo representan cada etapa de ebriedad, según una leyenda oriental y que ha sido tomada por varias culturas occidentales. En cuanto a los pisos, el león rampante representa el principado, el barco representa el río Isar que atraviesa la ciudad y la locomotora representa a la industria ferroviaria alemana.

En los vitrales se incorpora un repertorio de personajes y escenas relacionadas con el ambiente del pueblo bávaro y su vida cotidiana, siempre utilizando como tema el producto local: la cerveza. Un agregado posterior, realizado en la restauración de 1980, se encuentra en el reservado del entrepiso. Allí se reproducen los diferentes monumentos emplazados a lo largo del balneario: el Plus Ultra, la Fuente de las Nereidas, el monumento a España y La Antena Monumental.

Con el transcurso de los años, dañado por el paso del tiempo, el edificio de «La Munich» fue concesionado a la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTEL) y albergó el Museo de Telecomunicaciones. Esto obligó a su restauración, que fue realizada por el arquitecto Rodolfo de Liechestein. Se reinauguró el 5 de diciembre de 1980 y fue restituido al Gobierno de la Ciudad en febrero del 2002.